Política exterior de Felipe II
con respecto a Inglaterra. ¿Solo una cuestión religiosa?
Felipe II y María de Tudor, en una pintura de Hans Eworth
realizada en 1558
La política exterior de Felipe II
en referencia a Inglaterra es un claro ejemplo de cómo el desarrollo de las
relaciones diplomáticas entre los distintos estados fue adquiriendo cada vez más
importancia dentro de las características del nuevo Estado Moderno. Los más de
cuarenta años de reinado ocasionaron que esta política exterior tuviera
diversas fases y particularidades, todas expuestas a factores políticos,
económicos y por supuesto religiosos, la mayoría de las veces
interrelacionados.
Las relaciones diplomáticas con Inglaterra
comienzan incluso antes de la subida al trono de Felipe ya que su padre, el emperador
Carlos V, sabiendo que la guerra no sólo se libraba en los campos de batalla consiguió
que Felipe se casara en 1554 con la reina católica Maria Tudor, que accedió al
trono ingles en 1553. La unión no dio los frutos deseados en forma de un
heredero. A su muerte en 1558, Felipe que era solo rey consorte pierde su
posición en Inglaterra y su intención de restaurar el catolicismo a la vez de
crear un espacio de influencia favorable entre los Países Bajos y los
territorios ingleses con el fin de arrinconar a la entonces gran adversaria;
Francia.
Tras acceder al trono de Inglaterra
Isabel I de religión anglicana, Felipe II, al principio “hizo esfuerzos por
mantener a Isabel I dentro de su órbita, lo que demuestra que su política
exterior no era exclusivamente confesional” (Domínguez, 1997, p 186) motivado
sobre todo por mantener “la tradicional alianza dinástica en clave
antifrancesa, sus años como rey de Inglaterra, la importancia de garantizar las
comunicaciones con los países Bajos o la vinculación económica anglofalmenca”.
(Ribot, 2016, p317). Incluso hubo un intento frustrado de matrimonio entre los
dos soberanos.
Retrato Darnley (h. 1575)
La situación comenzó a variar paulatinamente
a partir de 1559 con la Paz de Cateau-Cambresis que cerraba las hostilidades entre
España y Francia, afianzada con una alianza matrimonial (Isabel de Valois) y
mantenía la paz con Francia durante casi el resto del reinado. (Fernández). La
posición política de Isabel I comenzó a dirigirse hacia “su necesidad de
afianzarse en el trono y de retomar el proceso de anglicanización del país” (Salvador,
2015).
En 1568, la católica Maria
Estuardo, exreina de Escocia se exilia a Inglaterra donde crea suspicacias a
Isabel I por la posibilidad de usurpar el trono y dos años mas tarde con la
excomunión de la reina inglesa por parte del papa – proceso “que Felipe II
había tratado infructuosamente de evitar” (Salvador, 2015, p 236) demostrando
nuevamente que la posición del monarca español en referencia a la religión no
era tan determinante como se ha querido mostrar.
A partir de ese momento, la
situación diplomática comienza a enrarecerse. Inglaterra comienza a desarrollar
su marina con el objetivo de entrar en los beneficios de la explotación de las
riquezas del Nuevo Mundo mediante actos de piratería encubierta, pues la propia
reina participaba en calidad de accionista y beneficiaria, sobre un territorio donde
la Monarquía hispánica tenía derechos exclusivos. (Domínguez 1997) En cierta
manera se observa como la economía influye en la política exterior. Inglaterra
dejaba de ser un país de agricultores y pastores del que nada se podía temer a
un estado que interviene en el comercio de una gran potencia. Al mismo tiempo,
la rebelión de los Países Bajos supuso que Isabel I comenzara a apoyar a los protestantes
flamencos y franceses. Esta última circunstancia ponía en peligro la seguridad
o la integridad territorial de las posesiones hispánicas.
Todos estos hechos ocasionaron
que junto a la ejecución de María Estuardo, hecho que eliminaba toda esperanza
de apartar de la escena de Isabel y su política antiespañola (Domínguez, 1997,
p 189) se iniciaran las hostilidades entre los dos países de forma abierta con
los resultados ya conocidos; desastre de la Gran Armada, hegemonía española más
comprometida y el ascenso de Inglaterra como potencia marítima aunque hay que
reseñar el fracaso de la Armada inglesa sobre La Coruña y Lisboa, en 1589,
demostrando las dificultades de una invasión por mar de la Península igual que
la de Inglaterra. (Gómez-Centurión, 1992)
La Gran Armada
En resumen, la política exterior
de Felipe II en referencia a Inglaterra tuvo matices que fluctuaron desde un estado
de alianza con Maria Tudor, una primera fase cordial con Isabel I donde existieron
intereses comunes, una fase intermedia de lucha encubierta que derivó al final
hacia las hostilidades directas. Si bien es innegable que las diferencias
religiosas existieron desde el principio, éstas fueron obviadas cuando los intereses
políticos y económicos favorecían a los dos países. Cuando Isabel I quiso y
pudo afianzarse en el poder las relaciones pasaron a ser hostiles. Al final no
hubo destrucción mutua de ambos gobernantes, pero si es cierto que Felipe II,
tal y como comenta Ribot (2008) perdió la “guerra de la opinión” pasando a ser
mostrado como un rey intransigente en aspectos religiosos.
Bibliografía
Domínguez, A. (1997) Historia Universal. Edad Moderna
Vol.III. Barcelona. Vicens Vives
Fernández Álvarez, M. Biografía de Felipe II
Recuperado de https://dbe.rah.es/biografias/10065/felipe-ii
Gómez-Centurión, C. (1992). Las relaciones internacionales
(1494-1598) En L. Ribot (Coord.) Historia del Mundo Moderno. (2ª Ed. p.
273-313). San Sebastián de los Reyes. Madrid. Actas.
Salvador, E. (2015). Las guerras en la Europa de Felipe II
(1559-1598). En A. Floristán (coord.). Historia Moderna Universal, (1ª
Ed. p. 221-241) Barcelona. Ariel.
Ribot, L. (2008) La política internacional de Felipe II
Recuperado de https://canal.uned.es/video/5a6f337db1111fb50f8b555a
Ribot, L. (2016) La Edad Moderna (siglos XV-XVIII).
(6ª Ed.). Madrid. Marcial Pons Historia.



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