martes, 17 de febrero de 2026

Política exterior de Felipe II con respecto a Inglaterra. ¿Solo una cuestión religiosa?

 

Política exterior de Felipe II con respecto a Inglaterra. ¿Solo una cuestión religiosa?

Felipe II y María de Tudor, en una pintura de Hans Eworth realizada en 1558 

La política exterior de Felipe II en referencia a Inglaterra es un claro ejemplo de cómo el desarrollo de las relaciones diplomáticas entre los distintos estados fue adquiriendo cada vez más importancia dentro de las características del nuevo Estado Moderno. Los más de cuarenta años de reinado ocasionaron que esta política exterior tuviera diversas fases y particularidades, todas expuestas a factores políticos, económicos y por supuesto religiosos, la mayoría de las veces interrelacionados.

Las relaciones diplomáticas con Inglaterra comienzan incluso antes de la subida al trono de Felipe ya que su padre, el emperador Carlos V, sabiendo que la guerra no sólo se libraba en los campos de batalla consiguió que Felipe se casara en 1554 con la reina católica Maria Tudor, que accedió al trono ingles en 1553. La unión no dio los frutos deseados en forma de un heredero. A su muerte en 1558, Felipe que era solo rey consorte pierde su posición en Inglaterra y su intención de restaurar el catolicismo a la vez de crear un espacio de influencia favorable entre los Países Bajos y los territorios ingleses con el fin de arrinconar a la entonces gran adversaria; Francia.

Tras acceder al trono de Inglaterra Isabel I de religión anglicana, Felipe II, al principio “hizo esfuerzos por mantener a Isabel I dentro de su órbita, lo que demuestra que su política exterior no era exclusivamente confesional” (Domínguez, 1997, p 186) motivado sobre todo por mantener “la tradicional alianza dinástica en clave antifrancesa, sus años como rey de Inglaterra, la importancia de garantizar las comunicaciones con los países Bajos o la vinculación económica anglofalmenca”. (Ribot, 2016, p317). Incluso hubo un intento frustrado de matrimonio entre los dos soberanos.

Retrato Darnley (h. 1575)

La situación comenzó a variar paulatinamente a partir de 1559 con la Paz de Cateau-Cambresis que cerraba las hostilidades entre España y Francia, afianzada con una alianza matrimonial (Isabel de Valois) y mantenía la paz con Francia durante casi el resto del reinado. (Fernández). La posición política de Isabel I comenzó a dirigirse hacia “su necesidad de afianzarse en el trono y de retomar el proceso de anglicanización del país” (Salvador, 2015).

En 1568, la católica Maria Estuardo, exreina de Escocia se exilia a Inglaterra donde crea suspicacias a Isabel I por la posibilidad de usurpar el trono y dos años mas tarde con la excomunión de la reina inglesa por parte del papa – proceso “que Felipe II había tratado infructuosamente de evitar” (Salvador, 2015, p 236) demostrando nuevamente que la posición del monarca español en referencia a la religión no era tan determinante como se ha querido mostrar.

A partir de ese momento, la situación diplomática comienza a enrarecerse. Inglaterra comienza a desarrollar su marina con el objetivo de entrar en los beneficios de la explotación de las riquezas del Nuevo Mundo mediante actos de piratería encubierta, pues la propia reina participaba en calidad de accionista y beneficiaria, sobre un territorio donde la Monarquía hispánica tenía derechos exclusivos. (Domínguez 1997) En cierta manera se observa como la economía influye en la política exterior. Inglaterra dejaba de ser un país de agricultores y pastores del que nada se podía temer a un estado que interviene en el comercio de una gran potencia. Al mismo tiempo, la rebelión de los Países Bajos supuso que Isabel I comenzara a apoyar a los protestantes flamencos y franceses. Esta última circunstancia ponía en peligro la seguridad o la integridad territorial de las posesiones hispánicas.

Todos estos hechos ocasionaron que junto a la ejecución de María Estuardo, hecho que eliminaba toda esperanza de apartar de la escena de Isabel y su política antiespañola (Domínguez, 1997, p 189) se iniciaran las hostilidades entre los dos países de forma abierta con los resultados ya conocidos; desastre de la Gran Armada, hegemonía española más comprometida y el ascenso de Inglaterra como potencia marítima aunque hay que reseñar el fracaso de la Armada inglesa sobre La Coruña y Lisboa, en 1589, demostrando las dificultades de una invasión por mar de la Península igual que la de Inglaterra. (Gómez-Centurión, 1992)

La Gran Armada

En resumen, la política exterior de Felipe II en referencia a Inglaterra tuvo matices que fluctuaron desde un estado de alianza con Maria Tudor, una primera fase cordial con Isabel I donde existieron intereses comunes, una fase intermedia de lucha encubierta que derivó al final hacia las hostilidades directas. Si bien es innegable que las diferencias religiosas existieron desde el principio, éstas fueron obviadas cuando los intereses políticos y económicos favorecían a los dos países. Cuando Isabel I quiso y pudo afianzarse en el poder las relaciones pasaron a ser hostiles. Al final no hubo destrucción mutua de ambos gobernantes, pero si es cierto que Felipe II, tal y como comenta Ribot (2008) perdió la “guerra de la opinión” pasando a ser mostrado como un rey intransigente en aspectos religiosos.

 

Bibliografía

Domínguez, A. (1997) Historia Universal. Edad Moderna Vol.III. Barcelona. Vicens Vives

Fernández Álvarez, M. Biografía de Felipe II Recuperado de https://dbe.rah.es/biografias/10065/felipe-ii

Gómez-Centurión, C. (1992). Las relaciones internacionales (1494-1598) En L. Ribot (Coord.) Historia del Mundo Moderno. (2ª Ed. p. 273-313). San Sebastián de los Reyes. Madrid. Actas.

Salvador, E. (2015). Las guerras en la Europa de Felipe II (1559-1598). En A. Floristán (coord.). Historia Moderna Universal, (1ª Ed. p. 221-241) Barcelona. Ariel.

Ribot, L. (2008) La política internacional de Felipe II Recuperado de https://canal.uned.es/video/5a6f337db1111fb50f8b555a

Ribot, L. (2016) La Edad Moderna (siglos XV-XVIII). (6ª Ed.). Madrid. Marcial Pons Historia.

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